Desde la caída del muro, los paradigmas territoriales de la guerra fría, solo habitan en los recuerdos nostálgicos de quienes todavía no se han olvidado de 1917 y creen posible este cambio todavía.


Di esta vuelta enorme, apenas para ilustrar el hecho del ejército rojo volver a usar la Hoz y el Martillo en la bandera de la victoria (el más importante estandarte militar ruso). Esta onda nostálgica que ha ganado la opinión pública con cada vez más fuerza, contagió incluso la Cámara Superior del parlamento Ruso donde fue aprobada esta ley.
Para los que no se acuerdan, la imagen más emblemática de la Gran Guerra Patria (que es como llaman los rusos a la segunda guerra mundial) sea tal vez, la de la bandera roja flameando en el parlamento de una Alemania Nazista recién derrotada. Este mismo estandarte se transformó en el símbolo de un pueblo que resistió heroicamente y que acababa de ganar una fratricida, dolorosa y demorada guerra.
Uno de los ministros fundamentales para esto, debido a su influencia, tanto con el ejército como con el congreso, se llamaba Vladimir Putin, el mismo que hoy, desde el alto de su cargo de Presidente de la República, afirma, que: “El fin del bloque socialista es uno de los más grandes desastres geopolíticos del siglo XX”
Todo parece hacer sentido en Rusia, si había que callarse por miedo a la furia Stalinista, Los militantes con sus dirigentes a la cabeza se callaban, si media hora después, el Congreso hacía su autocrítica y denunciaba los crímenes cometidos, pues todos a criticar. Con este sentido práctico se forjó la escuela de cuadros que Putin templó su acero. Sus mejores materias ciertamente deben haber sido las disciplinas de pragmatismo y oportunismo.
Digo todo esto para retomar la idea extraída en el primer párrafo de este texto, o sea, buscar un paralelo entre la transformación de Ex dirigentes sindicales, guerrilleros, amnistiados políticos en Brasil, magistralmente expuesto por Mauro Iasi en su libro, con la capacidad histórica de se mimetizar, tan propia de ex dirigentes del PCUS como es el caso del actual mandatario ruso.
No está demás observar la capacidad del Presidente, al captar esta voluntad legítima y popular, empapada con la nostalgia de un tiempo donde se sabía el porqué se luchaba y juntarla con la idea megalómana, de ser un nuevo “timonero jefe de la revolución”. En parte como buen “zorro político”, está consiguiendo un enorme suceso mezclando: deber y demagogia o pan y circo como matriz política.
La metamorfosis de la conciencia revolucionaria, expuesta de modo sencillo en este pequeño y pretencioso artículo, se divide en dos observaciones, la primera es que ya es imperativo dejar de ocultar las ventajas del socialismo, colocando a todo y a todos en la misma bóveda común, para justificar una victoria del capitalismo que nunca se vio, más aún en la tierra de Lenin, por eso rindo un homenaje a los que los que levantaron y levantan este estandarte hasta hoy. La segunda es mantener la crítica al oportunismo burocrático de Putin.
No es posible aceptar la relación promiscua entre este señor y los grupos económicos más nauseabundos, la represión y censura, la eliminación de opositores incluso con radiación, la simbiosis con la mafia, la corrupción entre tantas cosas.
Por este motivo, no podemos creerle y ver este descaramiento de auto nombrarse heredero de 1917, título que le pertenece a los verdaderos revolucionarios, aquellos que no cambiaron, ni con monedas ni por poder, aquellos que despiertan y desde sus fábricas, oficinas, talleres, campos y escuelas continúan respondiendo de modo categórico a aquellos que se han dedicado por generaciones a la explotación del hombre por el hombre. Con estos si podemos celebrar .
Publicado en: Tercerainformación | Joven Guardia

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